Nuestro Proceso Artesanal
Una tradición que nace de la tierra y evoluciona con paciencia, maestría y respeto.
Una tradición que nace de la tierra y evoluciona con paciencia, maestría y respeto.
Cada gota de Casa Amatierra es el resultado de un proceso guiado por manos expertas, tiempo generoso y una profunda conexión con la tierra de Amatitán.
Nuestro método no busca atajos; honra la tradición que ha definido al tequila por generaciones
Desde el cultivo del agave en Amatitán hasta su destilación, cada paso refleja la dedicación de quienes sostienen esta herencia.
El proceso artesanal no es solo cómo hacemos tequila: es quiénes somos.
EL CICLO DEL AGAVE
1. El agave y su maduración
Nuestros agaves crecen entre 5 y 7 años en tierras volcánicas de Amatitán, donde el clima cálido y los minerales del suelo definen su carácter.
Solo cuando alcanzan su punto óptimo de madurez comienza su transformación en tequila.
Nuestros jimadores seleccionan y cortan cada agave a mano, retirando las pencas con precisión para dejar expuesto el corazón: la piña.
Este momento define la dulzura, la pureza y el perfil final del tequila.
Este proceso convierte la dureza del agave crudo en una miel suave y aromática, base esencial del sabor limpio y elegante de nuestro tequila blanco.
Cuidamos cada detalle para preservar la esencia del agave y evitar notas agresivas.
Aquí comienza a definirse la textura final del tequila.
Este proceso no se acelera: la fermentación dicta su propio ritmo.
De aquí nace el carácter fresco y mineral de nuestro tequila blanco.
El objetivo no es crear un licor fuerte, sino depurar aromas y lograr una expresión elegante del agave.
La destilación es donde nace el espíritu de Casa Amatierra.
Aunque hoy presentamos nuestro blanco, nuestro compromiso con el tiempo y la tradición permanece.
Cada paso del proceso honra nuestras raíces, nuestra tierra y la maestría que distingue a Amatitán.